Y yo qué pensaba que era más que suerte. Creía que no iba a equivocarme, pero no contamos con la vida, que por ahí dicen que es puta, y a mi me parece que de lujo. Así que apareció de golpe, se quitó la ropa y tuvimos que follarla, con todo lo que eso implica: sudor, desenfreno y un enorme placer que muere, lentamente, en el sopor de un inconcreto sueño.

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